17 ago. 2009

Verdades incontrolables


Cuando apenas tenía 16 años, conocí a un chico mucho mayor que yo. No me importaba la edad, sino... El sentimiento.
A él... Lo conoció parte de mi familia. No les agradó. Me obligaron a alejarme de él... Era chica y apenas podía pronunciar alguna palabra.
Era totalmente cerrada, desconfiada, observadora, anti-social, fria, sin sentimientos.
Sufría en silencio.
Sufría el maltrato psicológico.
Llegaba de la escuela y eran continuas peleas y peleas. Miraba mi reloj sentada en el banco junto con mis amigas y rogaba que no avanzara más las agujas del maldito reloj...
Pero continuaba el pasaje de los minutos...
Llegaba a la parada del colectivo, y dejaba pasar colectivos... Me ponía a charlar con alguien que me mantuviera alejada en espacio y tiempo.
Pero llegaba el momento de volver a la realidad...
Lo que menos me importó en ese entonces fue perder a ese primer chico. Habían cosas que realmente merecían mi atención, y justamente él no lo era.
Ese mismo año, me obligaron a trabajar... (Cosa que agradecí, porque me la pasaba trabajando y no vivia en mi casa prácticamente).
La única que me hacía olvidar de todo lo que vivia, era mi abuela. Con ella vivi los momentos más felices de mi vida, podría decir que ella era la persona que me hacía realmente feliz.
Ese año pronto pasó.
Llegaron los 17 y 18, terminé el polimodal, conocí varios chicos, de los cuales no recuerdo ni su nombre. Porque realmente los conocía para olvidarme de todos los problemas que tenía en mi cabeza... Sólo necesitaba hablar con alguien, olvidar el tiempo, el momento, el año.
Pasó ese año, otro más.
Llegaron los 19 (el peor de todos). Una noche siendo las 22:10 o 22:30, suena el teléfono de mi casa, era mi tia... Nos dió la peor noticia que nos pudo haber dado...
A mi abuela la internaron de urgencia.
La noticia, era que tenía una enfermedad incurable. Nunca se lo dijimos. Porque sabíamos que ella iba a morir, pero no de la enfermedad... Si no de tristeza.
El primer año,
sus operaciones se lograron con éxito... Recuerdo el día que llego a mi trabajo, y me dijo: ESTOY CURADA MARINA. Se me llenaron los ojos de lágrimas, todo había terminado.
Todo lo que me traía mal, se había resumido a ese momento. Era feliz... Por ella, por mi, por todos.
Pero después de unos meses, todo volvió al principio, sufrió desde maltratos de mi propio abuelo, y de las mismas operaciones.
Yo me fuí a vivir con ella.
Recuerdo el día que me dijeron: Sólo los mayores de 18 años, pueden pasar a ver a su familiar. Fuí la primera.
Entré, lo único que quería era darle un beso, y un abrazo. La ví en la cama, llena de cables.. Y cuando me vió me dijo: Me venistes a ver. Y yo le dije siempre estuve aca, solo que vos no me ves...
Tenía un nudo en la gargante, mis lágrimas estaban a punto de nacer, pero las contuve, y recuerdo esa sonrisa que me regaló. Esa sensación de amor, cariño. Un simple gesto que resumió sus miles de palabras.
Las cosas empeoraron, estuve practicamente 6 días en agonía, esos seis días, estuve continuamente a su lado.
Hasta que sin esperarlo... Despertó por última vez...
La primera persona que pronunció fue mi nombre.
Ese sufrimiento que sentí, por su dolor, nadie me lo quitará... Pero después de sus tres años de su enfermedad, y dos años y varios meses de su ausencia... Sigo llorando por su ausencia...
Un 26 de marzo de 2007 a las 22:30, ella nos dejó.
Después de un año, pude recordar esos momentos felices que se habían borrado mi memoria...
Después de 6 meses, una de mis hermnas se puso de novio con un desgraciado.
No describiré en palabras todo lo que pasó, pero lo que hizo no tiene perdón. Se fugó de la casa de mi tia, con toda la plata que encontro. A mi mamá casi la tuvimos que internar... Y mi hermana, después de todo lo que pasó, hoy dejó de amarlo.
Sólo es algo un poco resumido todo lo que pasó.
Una infancia "feliz"
Y una adolescencia perdida.
Junto con mis sentimientos, mi ser, y mi alma.
Hoy no queda nada de mí.
Sólo palabras que me hacen conocerme... Palabras que describen mi ser, palabras y sentimientos escritos en un papel.

-. Necesitaba sacar todo la mierda que tengo hace demasiados años, guardada.

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